Santiago Tabarca

miércoles, mayo 24, 2006

Los guiños de la tierra.

Estimados míos,

llevo todo el día con una investigación del doctorado sobre la Sociedad Anónima Europea, algo tan yermo como aburrido a mis entenderes. No se preocupen, nos les hablaré del tema. Sin embargo sí que quiero comentarles algo referente a la foto que precede a este discurso. Últimamente me estoy dedicando a la fotografía con intención de desconectar y regocijarme en la belleza de las pequeñas cosas, y estoy descubriendo otro mundo que está en este. No ya teniendo que sumergirse en el mar, o adentrarse en cuevas para encontrarlo, sino el los mismos escenarios en que nos movemos a diario. Todo se trata del ángulo y el enfoque que de los ojos con los que miramos, simplemente. Esta foto la tomé (me voy a poner un pelín técnico y pedante, supongo) a una velocidad de obturación de 1/800, a 1600 ISOS y una abertura de 66/122. El detalle era una raiz de un árbol, pero la fotografía lo ha convertido en una nariz pérfida y unos ojos retorcidos que parecen que nos observan. Me parece increíble las posibilidades de este mundo. Una vez escuché que el amante perfecto era aquél que, después de 60 años era capaz de seguir impresionando a su pareja con cualidades que aquella ni siquiera se imaginaba. Pues bien, deduzco entoces que la tierra es el mejor de los amantes. No deja jamás de seducirme. Cada día una cara nueva, un guiño inesperado, un susurro de verdades que se alojan luego en el recuerdo.

En otro orden de cosas, Oscar Aguado está al caer. Ya cuento los días. Espero poder inmortalizar su compañía en muchas ocasiones.

Amigos, un fuerte abrazo. (otros ojos me miran, pero ahora con cara de libro de sociedades europeas... DIOS!)

jueves, mayo 18, 2006

Nada existe.

De vuelta de Mauritania pienso. Quizá Saro tenga razón y nada existe, y no existimos, y problamente aún Descartes siga vivo, y las palabras que leí una vez en la puerta de un baño fueran escritas por él. Entonces, me pregunto, acaso los niños no vendrán de París o quizá los cayucos de la playa enorme en que el toyota clavó sus ruedas como un león sus dientes en la carne de la gacela, no zarparán jamás rumbo a canarias. Quizá sea todo cierto, y gran parte de esa certeza no sea más que la demostración de una inexistencia tan obvia como confusa. Al fin y al cabo sigue todo donde estuvo antes de partir: las sonrisas en la noche iluminadas por algún fluorescente, al más puro estilo Carroll, las chilabas elegantes recogidas sobre los hombros de los hombres, los turbantes variopintos de las mejores mujeres y las cabras; esas mismas cabras que pastaban arena por las calles áridas y mi mente húmeda. Y en cinco minutos uno puede tener vivencias inolvidables, mientras evita horas de todo cuanto existe demasiado. El calor se ha apoderado de mi piel, supongo, y mientras sigo pensando este humo puede estar saliéndome por las orejas, o simplemente sea que el cigarrillo se niega a perecer. No lo sé, y no lo supe nunca, pero creo entender algo de lo que acaso esté sucediendo. "Sin embargo, la muerte existe y es tan real como la nada" dijo el cigarro.
Y la vida sigue siendo una incognita perfecta, en la que descansan a un tiempo tanto la duda como la certeza de que nos somos a cada instante. Pero aún nos late el pecho cuando podemos hablar de poesía en un almuerzo de empresarios, porque los ojillos risueños de una chica nos lo piden sin palabras, y porque así también existe una revolución sin concesiones.
Esperaré en las puertas de la nada, quizá quien llegue necesite aún algún abrazo. Me esperarán también. Después de todo, igual Descartes compre el pan por la mañana. Un abrazo. No se intenten mirar en el espejo, mírense mejor en los objetos, parafraseo.

martes, mayo 16, 2006

Rascacielos de papel.

Estimados amigos,
Por aquellas cosas de la vida me ha surgido un viaje a Mauritania. Esto significa que si lo prometido es deuda, no dejo entonces de ser un moroso compulsivo. No podré desarrollar la crítica al libro de José Elgarresta hasta que vuelva. Sin embargo, procuraré traer fotos de mi paso por esa desconocida tierra de tierra, o arena de arenas. La última vez que estuve en África fué en Túnez, no hace aún tres meses, y antes en Marruecos, hace ya más de dos años. En esta última ocasión un niño me explicó en árabe, diccionario en mano, por supuesto, que desierto se dice simplemente Sahara, y desértico se pronuncia Saharú. Supuse entonces que aquella extrema parcela de arena era considerada aún por los nativos como el mar lo era por nosotros cuando aún no tenía ni nombre, tan solo un cúmulo de mitos terroríficos que hablaban de él como el Océano, o aquel lugar desconocido de donde no volvían los que en él se adentraban. Quizá, divago ahora, considerado también como todos representamos la infinitud del firmamento en la noche. De cualquier forma, aquellos que cruzaban el mar quizá no volvieron nunca porque encontraron otros paraísos donde vivir, pasando a la historia algunos como los antiguos habitantes de estas islas. Y siguen llegando pateras. Ayer mil subsaharianos, hoy otros cien. Y ya nadie recuerda que no es un tema de actualidad. Así llegamos los canarios. Así seguirán llegando canarios de otros rincones del mundo. Porque los actores no determinan su sitio en el gran escenario del mundo, al menos no tendrían por qué.
Por consiguiente, si no vuelvo de Mauritania, quizá es que dí con el oasis perdido de Salomé. Y si algún día no vuelvo del fondo del mar, es porque esté donde esté les estaré esperando para compartir mis nuevas indias e indios con ustedes.
Un fuerte abrazo y hasta pronto.

viernes, mayo 12, 2006

Sobre los "Cuentos Ácidos" de José Elgarresta

Creo que ya es por todos conocido el último libro de José Elgarresta. No he terminado de leerlo y ya tengo la necesidad imperiosa de recomendarlo. En esta obra, el autor ha sido capaz de cautivar cada vez más con cada cuento. No se si es común pero me sucede a menudo mientras leo cuentos, que siempre voy pidiendo más calidad, más enganche, más historias que hagan, permítanme, ¡PLOF!. Y son pocas las ocasiones en que la obra está a la altura de estas espectativas mías. Estamos en esta ocasión ante un libro que lo consigue de manera magistral, al tiempo que hace una crítica elegantísima de la sociedad y del sistema. José Elgarresta ha conseguido, entonces, lo que a mi juicio pretendía, hacer resurgir el sentido común criticandolo todo desde las bocas mudas de quienes nunca criticarían, así, el emperador chino Li nos contará algo sobre la vanidad y su fracaso, la iglesia reconocerá las heróicas virtudes de Santo Tomás de Guatemala, aquel superhombre a quien llama El plagiario nos explica el precio del éxito, un reconocido director de relaciones públicas del famoso CodesBank dará al traste con todo al intentar aunar arte y empresa. Y tantos otros muchos personajes que me han hecho pensar en muchas cosas, sin tener que recurrir a los tópicos. Digamos, pues, que José Elgarresta ha conseguido con este último libro revolucionar la revolución, demostrando que todo debe enfocarse desde el sentido común y la propia humanidad olvidada (no en vano destroza ciudades y ordenadores, pero siempre, eso sí, muy elegantemente -no como los anime de manga, bromeo-).
Cuando termine de leerlo hoy, sin falta, escribiré una crítica más extensa y seria. De momento seguiré disfrutando de su lectura.
Un abrazote

jueves, mayo 11, 2006

He tenído una idea.

Amigos, como esto del Blog para mí ha sido un descubrimiento tremendo ya me he vuelto loco. He decidido abrir otro blog en el que publicaré poemas a versos de poemas de otros autores. Si se quieren dar una vueltilla por allí bienvenidos serán todos. www.versosparaelverso.blogspot.com un abrazo.

Paul Auster tiene razón.

Estoy trabajando en una novela y he querido parar un momento para descansar y desconectar. Es cierto, Paul Auster tiene mucha razón. Y cuando escribo le doy más razón todavía. Creo que todos nos hemos encontrado en la tesitura de crear personajes de donde no los hay, y nos hemos dado cuenta, tarde o temprano, de que es imposible. En cierta ocasión un filósofo me comentó que la novedad absoluta es inaguantable e insostenible, nada en el mundo puede ser completamente novedoso porque absoltamente todo surge de algo que ya conocemos de atrás. Un ejemplo, podemos imaginar una nave espacial, o un alienígena completamente extravagante. Sin embargo, si a esa imaginación nuestra le prestamos un poco de detalle nos damos cuenta de que todo lo que la compone son cosas que conocemos, en otras palabras: esa creación nuestra es un amalgama de detalles y elementos que hemos retenido mediante la experiencia.
Pues bien, a la hora de crear un personaje pasa exactamente lo mismo, motivo éste por el que le doy toda la razón a Paul Auster cuando dice que todos los personajes de sus novelas son personas que conoce en su vida cotidiana. Y podemos valernos de ello en "positivo" o en "negativo". Me explico, para hacer un personaje puedo pensar en Paco Sevilla, personaje ya de por sí novelesco y extremo. Puedo representarlo como lo que es, ya todos conocemos a Paco, un poeta que más que poeta es un poesía, con sus extravagancias y sus reacciones no habituales aunque encantadoras; estamos usando una imagen en "positivo" de Paco. O bien podemos hacer la misma imagen en negativo, es decir, si Paco es delgado, lo describiremos gordo, si es hiperactivo lo describiremos hiperpasivo, si muere por la poesía diremos de él que no le interesa lo más mínimo.
Sé que quizá este desarrollo les puede parecer un perogrullo intolerable, y lo admito. Sin embargo, en ocasiones no está tan mal discurrir por escrito para aclarar las ideas. Estas enseñanzas que me hago a mi mismo no tuve nunca nadie que me las hiciera, y por este motivo procuro ser autodidacta de mis propios pensamientos.
Creo que ya he desconectado bastante, seguiré trabajando en mi personaje. ¡Hasta la próxima!

miércoles, mayo 10, 2006

Una visita inesperada.

Si queridos míos, es lo que parece ser donde parece ser. Una lechuza en la ventana de mi cuarto. Lo cierto es que antes que en la ventana estuvo también en el baño, más precisamente en la bañera, y en el pasillo, en la cocina, en la sala. Esta lechuza sobrevoló mi escritorio, dió de bruces con La Travesía del Hombre Barco de Paco Sevilla que tengo enmarcada en la pared del salón, abrió la nevera, se sirvió una cerveza, me pidió un pitillo, se posó en el sofá, y mientras veía cómo le daban el Príncipe de Asturias a la National Geographic Society, me miró y dijo, ¡estoy de enhorabuena, joder!, una delicia ver que lo han ganado. Yo no pude hacer otra cosa que sentarme en el sillón de enfrente, encenderme un pitillo yo también y discutir un poco con ella. Yo siempre he sido más del canal HISTORIA, sabes. ¡Eso es una mierda!, me dijo, mientras humeaba su pico. Más extraño aún que el hecho de que la lechuza me estuviera hablando fue entonces su silencio repentino. Yo la miraba por el rabillo del ojo, y temía que se malhumorara. El pico parecía brillarle, como una gota de cerveza, o, quizá, como un garfio de plata, y este último pensamiento me hacía no llevarle demasiado la contraria. Cuando terminaron las noticias, apuró su bebida de un trago y liquidó el pitillo. Luego miró para mí, con los ojos atentos, naranjas, juntos, extraños pero no amenazadores, levantó el vuelo y salió por la puerta. Yo no he podido hacer otra cosa que sentarme en el ordenador para contarlo. Si no me creen la foto está ahí.

Bebiendo espero

Todo ha vuelto ya a lo de siempre. Solo en casa, con una botella de malleolus que me regaló un amigo y los perritos dándome el coñazo, a su forma y muy cariñosamente. Ya se fueron Bea y Nuria, las hermanísimas, como las quiero llamar. Y vuelve a habitarme de nuevo la soledad y las teclas del ordenador donde escribo, con un chill out pirata que no recuerdo como llegó aquí. Vuelvo entonces a alimentarme con lo poco que encuentro en la cocina, quizá unos cacahuetes de miel y sal o una papas fritas que me durarán, quien sabe, hasta mañana o pasado. Lo cierto es que me ha costado hacerme a la idea de que estoy en mi mejor momento. Madrid se quedó impreso a fuego en mi memoria, y de repente me asaltan recuerdo maravillosos de todos los amigos poetas que aún esperan que llegue con los brazos abiertos. Sin embargo, estoy en canarias, la tierra de la paz y la melancolía, donde la poesía es bien dificil (en palabras de Paco Sevilla), porque la belleza ya está en los paisajes. Los naranjos han empezado a hablarme, y, como un califa en la alhambra, me dedico a pasearme entre ellos, escuchando sus cuentos y ocurrencias. En ocasiones me asalta algún motivo para escribir y lo procuro aprovechar, pero son pocas. Así que le dedico el tiempo a la novela. En ella me siento cómodo, y me agarro a lo poco que tengo para contar, mis recuerdos, mis vivencias y, quizá, el sueño de que todos los poetas vengan a beber vino conmigo en esta casa que reposa en lo alto de una loma, en el barranco de tirajana. Parece ser que las palabras que me dijo una vez una señora nacida del aire son ciertas: "vivimos la vida que queremos vivir", y, de momento, espero nuevas visitas: Oscar Aguado, y Nora vendrán a vivir en esta tierra a partir del ocho de junio, Julio Espino vendrá también, con su novia y unos amigos en dos meses a pasar unas cuatro semanas, Sebastián Fiorilli también tiene intención, aunque con Sebas ya se sabe, ¡ah! y, por supuesto, la segunda ansiada visita de las maravillosas hermanas Russo, que deliciosas personas. En ocasiones pienso que la vida me quiere y por eso me da estos amigos. Esta tierra da para todos, y muchos más. Espero que en breve puedan venir todos los amigos, todos. Auri, Juandi Ayala, Pablito Méndez, Basilio Rodriguez, Santi Tena, Rafa Montesinos, Miguel Losada, Iñaki Serra, Fermín Higuera, Paquito Sevilla, Rodrigo Galarza, Alejandra Aventín, Gonzalito Escarpa y no quiero seguir enumerando porque son tantos que es facil no acordarme ahora de todos. La verdad es que es un detalle curioso que ustedes tengan una casa en canarias que no han visto aún. En fin, no se preocupen, que yo lo único que estoy haciendo es cuidar de ella. ¡Señores, la Parasía existe, y está aquí!. Gracias compañeros por quererme bien, gracias por dejarme quererles tanto.

lunes, mayo 08, 2006

Espero no dejarte indiferente

UNA PRUEBA PARA UN NUEVO BLOG Lee Friedlander Alhoha, Washington 1967 Son las tres de la tarde y sigues aún acostado en la cama, con las mismas preguntas que te asaltaron la noche anterior, esta mañana y que, sabes, seguirán asaltándote continuamente durante no sabes aún cuanto tiempo. El cuerpo te resulta pesado y perezoso, no tienes nada de qué quejarte y sin embargo sigues criticando que aún no te han dejado demostrar cuanto vales en ningún sitio. Por momento te sientes patético, te levantas y entras en la cocina con la intención de hacer algo que no hayas hecho ya más de diez veces a lo largo del día. Te llenas un vaso de agua que te bebes de un solo trago, rebuscas en la nevera y siempre encuentras lo mismo, un taco de jamón de pavo reseco, una botella de coca cola que solo exhibe su culo lleno de un líquido sin gas y sin sabor apenas, y un paquete de huevos que ya deben estar caducados pero no tirarás aún. Te resignas a pensar que tu estado es lamentable, que como los huevos que se pudren en la refrigeradora, tú te sigues pudriendo por dentro esperando que alguien te saque del frío habitáculo en el que te encuentras y te haga viajar, aunque solo sea al basurero de la esquina. Pero lo tuyo no es eso, eres escritor o quieres serlo, llevas ya más de dos meses que no vas a la oficina, y no atiendes el teléfono. Has convertido la excusa en tu forma de vida y sabes que nunca aceptarán tu desidia, sin embargo, paradójicamente sigues ahondando en ella como válvula de escape y por esa razón no sales ya nunca de casa. Te sirves otro vaso de agua del que solo bebes un sorbo, te sientas en el sofá e intentas dejar el vaso sobre la mesa que tienes a tu derecha. En ese momento escuchas un choque de cristales, como un brindis con la nada y al mirar descubres tres vasos exactamente iguales que el que tienes en la mano, colocados en el mismo lugar donde pretendías poner este último. Te levantas del sofá y vuelves a sentarte en la cama, donde retomas todas tus dudas. Santiago Tabarca