Santiago Tabarca

martes, octubre 17, 2006

LOS GIRASOLES CIEGOS. Alberto Méndez

Uno de los mejores regalos que me han hecho. Cuando Julio Espino y Ana vinieron a verme a Gran Canaria me trajeron, según decían, dos sorpresitas. Una de las cuales era LOS GIRASOLES CIEGOS de Alberto Méndez. Un nombre completamente desconocido para mí y para muchos cuya obra literaria es corta, apenas un libro, este, que recoge cuatro cuentos largos sobre lo que nunca se ha escrito de la manida temática de la guerra nacional. Me he quedado muy sorprendido, entre otras cosas, porque con tan solo un libro editado (y quien sabe si escrito) este autor ha sido capaz de desarrollar un estilo más propio de los grandes autores de reconocidos apellidos, que los de un prudente anónimo al que nadie conoce aún como él mismo se merece. Para mí sigue siendo un absoluto desconocido. No sé más de él que lo que aparece en la solapa del libro: " Alberto Méndez (1941-2004). Nació en Madrid, donde transcurrió su infancia. Estudió el bachillerato en Roma (Italia) y se licenció en Filosofía y Letras en la Universidad Complutense de Madrid. Trabajó siempre en grupos editoriales nacionales e internacionales. En 2002 quedó finalista en el Premio Internacional de cuentos Max Aub, con uno de los relatos de Los girasoles ciegos, su primer libro narrativo. Los girasoles ciegos fue galardonado con el I Premio Setenil de cuentos y posteriormente con el Premio de la Crítica y el Premio Nacional de Narrativa. Simplemente increíble. Este señor, cuyas facciones me son extrañamente familiares, sabiendo que no lo había visto antes -cosas que pasan, quizá un parecido con otra persona - escribió su primer y último libro narrativo y con él me ha demostrado que sigue habiendo una meta a la que sigo queriendo alcanzarme. No la de los premios, ya lo saben -no por snobismo sino sencillamente porque sé que no obto a ninguno- sino la del estilo, la pureza de la lengua, la sencillez de la narración, la creación de los ambientes. Al fin y al cabo, la sorpresa y la admiración tras cada frase que se lee, porque está bien escrita, porque es concisa, clara y atractiva, y porque cualquier huída una vez abierto el libro será siempre hacia dentro de las páginas y nunca a otro estímulo exterior. Realmente me habría gustado mucho conocer a Alberto Méndez. Y, sin embargo, me tendré que conformar con releerme su único libro con el que consiguió llegar a mi conocimiento.

Sobre el contenido no hay absolutamente nada que me haya disgustado. Mientras lo leía me daba la sensación de que entraba en su juego. De la misma forma en la que uno escucha a un cuenta cuentos, y sigue las onomatopeyas en sus lábios, y se deja engullir por la narración sintiendo el frío cuando lo hace, o el hambre cuando aprieta al protagonista y, siempre, aquello que alguien llamó ¡PLOF! cuando termina el cuento, y yo lo prefiero llamar aquí vértigo de verdades. Y es cierto, uno puede pensar que lo que se cuenta en este libro no es verdad, no puede serlo. Pero Alberto no nos miento en ningún momento. Como dice la sinopsis de la contraportada: " Todo lo que se narra en este libro es verdad, pero nada de lo que se cuenta es cierto, porque la certidumbre necesita aquiescencia y la aquiescencia necesita la estadística." Y con eso me quedo. Es verdad porque pudo serlo, o quizá porque lo narrado son historias verídicas. Lo cierto es que sea como fuere no hay un mínimo atisbo de demagogia ni de sensacionalismo de izquierdas. Cuenta algunas historias entrelazadas de personajes concretos de la infrahistoria de la guerra civil en el último momento de la contienda, o en el primer momento de la derrota. Porque se vea como se vea es un libro de derrota, de preocupación por la nueva era que se abría en España por la victoria de los fascistas, de resignación. En concreto de, y vuelvo a citar palabras de la sinopsis: "Un capitán del ejército de Franco que, el mismo día de la Victoria, renuncia a ganar la guerra; un niño poeta que huye asustado con su compañera niña embarazada y vive una historia vertiginosa de madurez y muerte en el breve plazo de unos meses; un preso en la cárcel de Porlier que se niega a vivir en la impostura para que el verdugo pueda ser calificado de verdugo; por último, un diácono rijoso que enmascara su lascivia tras el fascismo apostólico que reclama la sangre purificadora del vencido".
Queridos amigos, acabo de terminar de leer uno de lo mejores libros que he leído este año. Si tienen ocasión, no lo dejen escapar, merece la pena. Muchas gracias Julio y Ana. Por si quieren saber algo más del autor y de su obra (acabo de encontrarlo -gracias internet-): http://www.gibralfaro.net/hemeroteca/pag_1190.htm

Y cambio de tercios. Hoy es un día para celebrar, me han concedido la licencia de obra menor del Cubalibro. Lo que significa que no me demolerán lo que ya tengo hecho, a saber: un tabique en el baño, la demolición de otros dos, un altillo que será el alma del local, etc. De momento parece que todo va viento en popa. El falso techo ya está terminado y están encalando las paredes. Ahora estoy liado con los presupuestos de aires acondicionados, estracciones de humos, cristalerias y carpinterías metálicas para el escaparate y la puerta, y ¡al fin! con los proveedores de los refrescos y los comisterios. Mañana me veo con el de la Coca Cola (aunque me pese por la esencia americana, ¿qué es un Cuba Libre/o sin Coca Cola?). Ya tenemos apalabrado el programa informático de la librería y sigue la máquina funcionando. Aún quedan muchos detalles, que ganas de terminar tengo ya.

En fin compañeros. Si todo sale como estaba previsto, en noviembre tenemos preinauguración para los amigos, así que ya les diré algo. Si me quieren echar una mano, no duden en decirme los libros que consideren que tienen que estar a la venta en una librería literaria como esta, me ayudarían mucho.
Un fuerte abrazo desde su casa.